Misunderstanding what you see!

Caminando por los laberínticos pasillos y las salas de un museo...


     Inicia nuestra visita con la compra del tiquete de entrada, una pequeña tira de papel grueso cortado por la línea punteada y con un número que nos abre la puerta a un mundo de maravillas.

      Antes de iniciar el camino cual en mito ariádnico, una estatua nos da la bienvenida, Goya o Velázquez tensan el hilo invisible que marcará nuestro punto de partida y el recorrido de pasos curiosos por el templo de la estética que nos aguarda.

     Cómo piratas buscando el tesoro consultamos un plano del magnánimo edificio para encontrar y marcar con la X las salas donde reposan los tesoros que queremos descubrir.

     Empezamos el recorrido llenos de anticipación y éxtasis ante cada nueva pintura. Así vamos desfilando ante personajes que también nos contemplan y a veces se aburren ante el transcurrir monótono de visitantes por siglos.

     Son tantos los nombres de pintores, los títulos de los cuadros, las técnicas y hasta los marcos que se amontonan en nuestra mente formando un verdadero collage de épocas, movimientos y vanguardias.

     Así como cada cuadro tiene colores, formas y trazos diferentes, podemos sentir que las pinturas también dejan un camino de olor a lienzo, óleo y trementina que podemos seguir  permitiéndonos oler cada color, el mineral del que fue hecho y la extraña mezcla alquimista que produjo su intensidad, colores ricos y pobres, dorados, azules y cobrizos.

     Cuando ya llevamos muchas salas recorridas los pies y la mente reclaman descanso. 

     Volvemos al camino, a seguir el rastro que han dejado otros visitantes por centurias. Visitamos caras, gestos y vestuarios de otras épocas, de tiempos mejores y tiempos peores. Rostros esquivos, poses naturales y fingidas, retratos de tardes enteras frente al caballete, minutos y segundos que marcan cada pincelada con su tic-tac colorido.

     Cae la tarde y la luz necesaria para contemplar los colores va desapareciendo como el hilo que comunica cada sala se va acercando a la salida, vimos cuanto pudimos, pudimos ver más, pero para seguir viendo siempre necesitaremos más luz...¡en el mundo iluminado!
     

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